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Reflexiones en torno a la Obra de Raphael Collazo
José Antonio Pérez Ruiz, 1999
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Durante su vida Raphael Collazo (1943-1990) puso todo
su empeño en desarrollar un cuerpo de trabajo que reflejó
su carácter polifacético. Encarriló su quehacer
de una manera muy personal. La utilización de códigos
particulares le permitieron hacer que en sus lienzos se dieran
cita asuntos conscientes e inconscientes. Su búsqueda de
horizontes expresivos cada vez más amplios y lejanos no
permitió a su quehacer circunscribirse a modas efímeras.
Tampoco dejó que lo pasajero impusiera pautas en sus telas,
más bien permitió actuar los impulsos intersubjetivos
permitiéndoles requerir los factores que incorporó
a sus telas. Lo necesario en sus creaciones estuvo condicionado
por cuanto creyó era conveniente al momento de la realización.
Al observar sus cuadros en conjunto nos percatamos que mantuvo
una independencia estética. Se nos hace difícil,
por tanto, adscribirle a escuelas o tendencias. Sin embargo, podemos
afirmar que el expresionismo constituyó el agente catalítico
desatador de una labor para la cual se vio precisado en muchas
ocasiones a interrumpir la linealidad de lo temporal. Cuando ello
sucedía pudo dar acceso a un esoterismo que puede ubicarnos
en espacios futuristas e incluso puede aducir a culturas transgalácticas.
Son lienzos dominados por trazos en espiral creadores de sensaciones
turbulentas. Entre esas pinceladas asoman visiones aisladas que
aún no se materializan integramente ante la mirada. Al
hacer un recorrido ocular por los referidos lienzos notamos como
esos torbellinos pictóricos actuan. Aparentan obrar cual
si deslindaran el espacio para establecer su propio mundo. A veces
nos parece detectar composiciones planificadas para alojar en
ellos nuevos paraísos. Esos brochazos buscan emular la
acción del Todopoderoso cuando dio orden al caos preexistente.
Otras veces aprovechó situaciones surgidas al azar. Extrajo de ellas apariencias susceptibles a procesos hermenéuticos cuya función es estimular la imaginación. En esos casos sus realizaciones proveen ricos retos interpretativos. Se encuentran en ellos senderos que se bifurcan par dar paso a las manifestaciones de la subjetividad. Propició así recreaciones individuales que convierten cada lienzo en lugares de encuentros comprensivos. Ejemplo de lo antes dicho, es la pieza titulada Sentinel (1984). Dicha pintura nos enfrenta a un espacio donde la mirada halla obstáculos. Los mismos sirven de aliciente para explorar cada centímetro de la composición. Allí las frecuencias carnbiantes de los brochazos pautan el reconocimiento óptico, pues requieren a la mirada desplazamientos rítmicos diferentes. De esa manera se pueden extraer los contenidos potenciales para traducir la dramaturgia pictórica impresa en cada trabajo. Otras veces, el desplazamiento del pincel hace pensar en las serpentinas animadoras de los ambientes carnavalescos.
Entre las variantes creativas de Collazo, existen telas monocromáticas en cuyos núcleos emergen figuras difusas que parecen constituirse a través de un proceso de ensamblaje molecular. Semejante situación hace ver esos seres en vías de formación, cual espectros cuyos movimientos no obedecen las leyes físicas. Esos personajes entran en escena como fuerzas irrefrenables que dejan a su paso estelas desoladoras. Actúan en ambientes desérticos donde es casi imposible deslindar el horizonte del cielo. Las superficies están marcadas por texturas irregulares semejantes a burbujas aisladas en el soporte. Esas cicatrices acentúan la aridez existente en las referidas concepciones y contrasta con la atmósfera hiperhidratada predominante en otras. En Exit (1984) la humedad del panorama se fortalece con la presencia de luces ambarinas que aportan un toque de recuerdo lejano y placentero. Un asunto digno de mención es el logro de demarcar y dar seguimiento a los rayos solares que se cuelan en el follaje.
Muchas veces Raphael sorprendió al espectador con pinturas con ambientes festivos desbordantes. Llama la atención, en las celebraciones pictóricas expresadas a través de su carrera, las diferentes intensidades de las mismas. En Party (1979) el festejo ostenta aspectos espectaculares. Situación desarrollada dentro de los confines de un tipo de solemnidad que aflora en el seno de las comparsas. Se trata de una forma de actuación ritual donde cada cual representa roles asignados o deseados. En dicho óleo la alegría se limita al entorno inmediato, pues los atuendos fabulosos y máscaras actúan como pasaporte desde la realidad hacia la fantasía. Esa situación fronteriza se evidencia en el ser que se convierte en centro de atención. El mismo revela un gesto que contrasta con el regocijo transmitido por el atuendo. Un tono diferente existe en Simultaneidad (1987) y Il Viaggio de la Speranza (1988). En ellos la alegría desborda el lienzo. Hospeda en esas obras multitudes participantes en eventos trascendentales. Es como si esperaran por un instante específico parecido a lo que sucede con los conteos regresivos para dar la bienvenida a un nuevo ano.
En Galería Matices, hoy se muestra una exposición del fenecido Raphael Collazo (1943-1990). Cuando observamos sus producciones nos damos cuenta que fue un artista con recursos para comunicar sentimientos. Soy de opinión que llevó a cabo un quehacer para el cual estuvo claramente conciente de dejar un cuerpo de trabajo sin fisuras conceptuales.
Determined Personage, 1989
Catálogo, Dominios Profundos, Galería Matices, Hato Rey, Puerto Rico, 7 de diciembre de 1999-8 de enero del 2000, José Antonio Pérez Ruiz, curador.